Shikantaza

Manos zazen

De todas las técnicas de meditación budista que yo conozco, esta es la más simple de todas, aunque en el zen se habla de zazen y no de meditación. (Al final del artículo dejo un vídeo a modo de introducción de lo que es el zazen).

Al ego, a nuestra mente convencional, le gusta hacer cosas, le gusta ocupar su tiempo. Además ha aprendido que para progresar tiene que esforzarse y hacer cosas cada vez más difíciles. Podríamos decir que esa es la programación del ego. Es lo que aprendemos desde pequeños, y para muchas cuestiones de la vida este pensamiento es útil.

Ahora se trata de invertir la forma de actuar del ego o más bien se trata de dejarlo caer para poder percibir lo que hay más allá del yo que creemos ser. Para conseguir esto no podemos actuar desde el ego y como el ego. Por eso las prácticas que se consideran más elevadas en el budismo son aquellas en las que no hay que esforzarse y más que "hacer algo" hay que "no hacer algo".

Vemos que cuanto más simples son las prácticas nos parecen más difíciles. Si nos dicen: "no tienes que hacer nada", pensamos: "entonces, ¿qué tengo que hacer?"

Shikantaza se traduce por "sólo sentarse" y de eso se trata. No es una práctica para aprender zazen. Cuando tu maestro o maestra te dice que practiques shikantaza es porque entiende que sabes sentarte y que has desarrollado tu concentración. Aunque shikantaza va más allá de la concentración, más allá de la división entre un objeto de concentración y un sujeto que se concentra en dicho objeto. Shikantaza es sentarte con la certeza de que es el mismo Buda el que se sienta o es el propio universo el que está en el cojín. Desde esa perspectiva no hay diferencias. ¿Se mueve la bandera o es el viento el que la mueve?... En realidad es tu mente la que se está moviendo.

El zazen se practica con los ojos abiertos, y en la tradición soto mirando a la pared. La postura es muy importante, la espalda tiene que estar bien recta para que la energía fluya libremente por los canales energéticos del cuerpo, y no nos domine el sopor o la agitación, para lo cual también es importante estar relajado.


Yasutani Roshi

Veamos como explicó esta práctica Yasutani Roshi durante un seshin (retiro zen), transcrito en el libro LOS TRES PILARES DEL ZEN:

Shikan quiere decir "nada más que" o "solamente"; ta significa "pegar" y za significa "sentarse". Así pues, el shikan-taza es una práctica en la que la mente está inmersa con absoluta intensidad en solo sentarse. La mente que no tiene el apoyo previo de haber contado o seguido sus respiraciones se distrae con facilidad en este tipo de zazen. Es de suma importancia que la mente tenga el temple correcto. En el shikan-taza la mente no debe sentirse apresurada; ha de estar sosegada y centrada con firmeza, como el monte Fuji, digamos. Pero también debe estar alerta, tensada, como la cuerda de un arco que se estira. Así pues, el shikan-taza es un estado intensificado de una atención concentrada, donde uno no está tenso ni apresurado y mucho menos descuidado. Es la mente de alguien que enfrenta la muerte. Imaginemos que están en un duelo de espadas de los que solía haber en el antiguo Japón. Mientras se enfrentan a su oponente, están atentos, vigilantes, listos. Si relajaran esta vigilancia aunque fuera solamente por un instante les cortarían la cabeza al momento. Una multitud se reúne a ver la pelea. Como no están ciegos, pueden verlos por el rabillo del ojo y pueden escucharlos ya que no están sordos. Pero ni por un instante su mente se deja capturar por estas impresiones de los sentidos.

Este estado no se puede mantener por mucho tiempo; de hecho, no deben hacer shikan-taza durante más de media hora seguida. Después de treinta minutos, levántense y caminen en kinhin y después continúen su práctica. Si verdaderamente están haciendo shikan-taza, en media hora estarán sudando, incluso en invierno y en una habitación sin calefacción, debido al calor que genera esta intensa concentración. Cuando se sienta uno demasiado tiempo, la mente pierde vigor, el cuerpo se cansa y los esfuerzos son menos provechosos que si uno restringe su práctica a períodos de treinta minutos.

En contraste con un espadachín poco hábil, el maestro usa su espada sin esfuerzo. Pero no siempre fue así, pues en un principio tuvo que esforzarse al máximo para salvar su vida, debido a su técnica imperfecta. El shikan-taza es algo así. Al principio la tensión es inevitable, pero con la experiencia este zazen tenso madura en un sentarse relajado y totalmente atento al mismo tiempo. Y así como un maestro de la espada desenvaina sin esfuerzo en una emergencia y ataca plenamente concentrado, el adepto del shikan-taza se sienta sin esforzarse, alerta y concentrado. Pero ni por un instante piensen que esto puede lograrse sin una práctica larga y dedicada. (pp. 60 - 61)


En otra parte del libro en una entrevista de una estudiante con el Roshi (Maestro):

seshin

Roshi: Ayer vi que estabas sentada con las manos fuertemente entrelazadas en tu regazo, forzándote mucho. En shikan-taza no es necesario forzarse.

Estudiante: Todos los demás se estaban forzando y empujando, así que pensé que yo también debía hacerlo.

Roshi: La mayoría son principiantes que trabajan en su primer koan. Si no se fuerzan, cualquier fuerza de concentración que logren se disipa rápidamente, de modo que tienen que luchar por mantenerlo constante. Es como aprender a escribir ideogramas chinos. Al principio se necesita hacerlo con fuerza mientras se forman los caracteres con dificultad, pero cuando has aprendido, los puedes escribir sin esfuerzo. Tú ya tienes experiencia en el zazen, así que no debes forzarte. (...)

El shikan-taza se práctica con la fe de que el zazen es la actualización de tu naturaleza búdica pura, así que no es necesario luchar conscientemente por el satori. Debes sentarte con una mente alerta y al mismo tiempo sin prisas y bien centrada. Esta mente debe ser como las cuerdas de un piano bien afinado: tenso pero no demasiado. Además, recuerda que en seshin (retiro zen) recibes la ayuda de todos al sentarte en comunidad, así que no tienes que forzarte. (pp. 133 - 134)



BIBLIOGRAFÍA

- LOS TRES PILARES DEL ZEN.- ROSHI PHILIP KAPLEAU.- Ed. GAIA


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