Dzogchen II

Kuntuzangpo

Nos llama la atención ver la diferencia entre el zen, tan pragmático, tan sencillo, tan en blanco y negro; y la tradición tibetana tan teórica, rica en matices, tan llena de prácticas, rituales y color. Las enseñanzas se ajustan a la mentalidad de las personas que la tienen que poner en práctica. Cada momento y cada lugar son distintos. Ahora estas enseñanzas se terminarán amoldando a estos tiempos y a este mundo globalizado.

Los occidentales también somos más pragmáticos que los tibetanos, aunque quizá menos que los japoneses, y nos movemos entre los dos mundos, intentando encontrar nuestro sitio en la manera de entender la práctica de la meditación.

A veces estas enseñanzas son como un regalo muy caro, con un envoltorio precioso y sofisticado. Al abrirlo encontramos una joya muy valiosa pero sencilla, y creemos que lo importante es el envoltorio. Entonces nos olvidamos del regalo y tomamos el precioso y sofisticado envoltorio.

Cuando rechazamos estas enseñanzas es porque nos parece que al estar al alcance de todos y al ser tan simples no pueden ser ciertas. Pensamos que las cosas para que den resultado tienen que estar ocultas y ser difíciles de practicar. Hay que estar a la altura, desentrañar algún misterio. Eso es lo que creemos.

Dentro de las prácticas de Dzogchen, con lo que yo estoy más familiarizada es con la tradición bön, y dentro del bön con las enseñanzas de Tenzin Wangyal Rinpoché, por eso me voy a focalizar en las enseñanzas de este maestro.

Tenzin Wangyal, como otros maestros que han comprobado lo que enseñan; saben qué es necesario en las enseñanzas, y qué es superficial y prescindible. Y hace el esfuerzo de entregar el regalo sin demasiado envoltorio para que sepamos apreciar mejor la magnífica joya que son estas enseñanzas. No es fácil para un tibetano prescindir de sus tradiciones para adaptarse al que está aprendiendo.

Dice este maestro en su libro EL DESPERTAR DE LA MENTE LUMINOSA: Para integrar estas enseñanzas no necesitas adoptar o depender de una fe o creencia en particular; lo único necesario es estar dispuesto a observar las experiencias de tu vida de forma directa y desnuda. El objetivo es integrar las enseñanzas en tu vida a medida que la estás viviendo. Da igual el papel que desempeñes o la etapa de la vida en la que te encuentres; dondequiera que te halles te ofrezco estas enseñanzas con la esperanza de que logres la realización, transformando lo que actualmente percibes como tus limitaciones en oportunidades. Este es mi ruego. Y hagas lo que hagas en la vida, si tus acciones están conectadas con la fuente abierta del ser que está en ti, el resultado será beneficioso. Esto se debe a que solo sufrimos y hacemos daño a los demás cuando perdemos esta conexión con la fuente de sabiduría y de luz que existe en nosotros mismos. 1 (p.2)

Desde el principio mismo nuestra naturaleza ha sido y sigue siendo perfectamente pura y plena; y esta pureza, cuando no se obstaculiza, se expresa por sí sola sin esfuerzo alguno, de tal forma que beneficia a todos. Esta capacidad existe en todos y cada uno de nosotros. Es nuestra naturaleza. Cuando no reconocemos esta naturaleza verdadera lo que sucede es que sufrimos, y además podemos hacer daño a los demás. Pero cuando sí reconocemos nuestra naturaleza inherente nos volvemos capaces de liberar nuestro propio sufrimiento. Además, a medida que vamos madurando este reconocimiento empezamos a ser de gran apoyo y ayuda para los demás. (p. 10)


LAS TRES PÍLDORAS O LAS TRES PUERTAS DEL REFUGIO INTERIOR

Las tres pastillas

Refugio:
Tomo refugio en el Buda,
tomo refugio en el Dharma,
tomo refugio en la Sangha.

 

Cuando hacemos una oración tenemos la tendencia de mirar hacia fuera, pero lo que estamos tratando al hacer el refugio es dirigirnos hacia dentro. Al recitar la oración del refugio estamos tratando con tres cualidades: el cuerpo del vacío o la espaciosidad ilimitada de lo sagrado (Darmakaya), el cuerpo de luz o conciencia infinita (Sambogakaya) y el cuerpo del gran gozo o unión de la conciencia luminosa en el espacio infinito (Nirmanakaya).

El refugio exterior representa al refugio interior. El primer Refugio es el Vacío, la base del samsara y del nirvana, se le llama también Madre (ma). El segundo es la conciencia despierta o Claridad, se le llama también Hijo (bu). Y el tercero es la Energía Gozosa de la inseparabilidad de la madre y el hijo (tsal).

Estos tres refugios internos, en realidad son una sola cosa indivisible que ya poseemos, y al que podemos acceder a través de tres puertas: la puerta del cuerpo, la del habla y la de la mente.

Para acceder por la puerta del cuerpo, nos paramos, dirigimos nuestra atención a la tensión o agitación que podamos estar sintiendo ahora. Y a través de esta agitación es como podemos llegar a la quietud. Así tu agitación se habrá convertido en el camino de la liberación. La quietud es la pastilla blanca.

Para acceder a la puerta del habla, escuchamos las voces internas que generamos nosotros mismos. Esta atención consciente a tus pensamientos, a tu charla, te va llevando al silencio. Dice T. Wangyal: En el momento en el que oyes el silencio, esa voz de tu dolor desaparece y te vuelves consciente del espacio ilimitado del ser. El silencio es la pastilla roja.

Para acceder a la puerta de la mente, observamos nuestra mente, nuestras emociones. Normalmente estamos enredados en la confusión de nuestra mente-dolor, creyendo que esta confusión o malestar nos viene de fuera, de los demás. Te estás identificando con la imaginación del ego. Porque, ¿quién es el que está sintiendo este malestar? Dice T. Wangyal: No existe fuerza alguna en el universo que pueda oscurecer la naturaleza de la mente. No hay fuerza alguna en el universo que pueda destruir el espacio. El espacio siempre está ahí; es simplemente cuestión de dirigir tu atención hacia el interior y descubrir la espaciosidad ilimitada del ser. La espaciosidad es la pastilla azul.


En el libro EL DESPERTAR DE LA MENTE LUMINOSA de Tenzin Wangyal Rimpoché tienes la explicación detallada de esta práctica. Ahora vamos a ver un poco mejor de lo que trata, entresacando algunas frases del libro. Y al final hay un vídeo de este maestro que te va a ayudar a entenderlo mejor:

Ya sea a través de la quietud, del silencio o de la espaciosidad, al final llegamos a un mismo lugar, a la mente natural. Pero son caminos diferentes, son puertas diferentes. (...)

Tu crítico interno puede ser la entrada más cercana que te recuerda entrar en el refugio interior por medio de escuchar el silencio. La tensión en tu mandíbula puede ser la entrada más cercana que te recuerda entrar en el refugio interior a través de la quietud. Tu mente dubitativa y vacilante puede ser la entrada para reconocer la espaciosidad de la mente. Pero nos encanta complicar las cosas y con frecuencia elegimos la ruta más larga. Es curioso que no valoremos aquello que tenemos más cerca. (...)

Dirigirte hacia la quietud y descubrir el espacio interior dentro de tu cuerpo es la forma de volverte el primer refugio, el cuerpo de vacuidad. (...)

El cuerpo de luz hace referencia a la claridad o luminosidad, a la conciencia. (...) La conciencia del espacio es el conocer. (...) La apertura puede existir ya seas consciente de ella o no, pero cuando eres consciente de la apertura, esa apertura se convierte en una fuente. Este es el motivo por el que tomamos refugio en la luz, en la conciencia. (...)

El tercer lugar del refugio es el cuerpo de la gran dicha. Cuando surge la conciencia, algo sucede. Desde el espacio de tu corazón, desde la luz de la conciencia, empieza a disiparse la oscuridad de la ignorancia y surge una sensación de gran dicha. La gran dicha simplemente es la alegría de ser. No es la alegría de lograr algo, ni la alegría de poseer algo, ni la emoción o expectativa de conseguir algo. (...) El tercer refugio trata sobre la calidez. El cuerpo de la gran dicha es el sentido de calidez natural que surge de la conciencia abierta. Eres abierto y eres consciente de la apertura. A esta consciencia de la apertura se la llama "unión", y esta unión hace surgir espontáneamente la calidez y las cualidades positivas. Estás conectado y sientes la calidez de ser quien eres. (...)

Así que con el cuerpo o la identidad-dolor "tomamos la píldora blanca" y nos apoyamos en la quietud; con el habla-dolor "tomamos la píldora roja" y nos apoyamos en el silencio; y con la mente-dolor "tomamos la píldora azul" y nos apoyamos en la espaciosidad. A medida que entramos en las experiencias de la quietud, del silencio y de la espaciosidad, nuestro dolor se convierte en el camino a la liberación. Cada condición se transforma en un camino que nos lleva a nuestra liberación final: nos conecta con la esencia inmutable.

Es posible que pienses que esto es una simplificación excesiva o una instrucción descafeinada. ¿Acaso te parece demasiado sencillo para ser verdad? Los maestros dzogchen explican que la verdadera naturaleza de la mente está tan cerca que no la podemos ver. Todos sabemos lo que nos gustan las cosas complicadas. Cuando algo es difícil de conseguir pensamos que es mejor. Para algunas personas su mayor problema es querer siempre algo que no pueden conseguir y por eso no son capaces de reconocer lo que ya tienen. La verdad simple, pero profunda, es que la cosa más grandiosa que tenemos es este momento presente. Aquí yace la riqueza más grande posible. Pero lo que ocurre es que no nos vemos ni nos sentimos plenamente en el momento presente.

Así que siempre que sientas dolor, simplemente permanece con ello. Sé un buen soporte para tu dolor. Ten una presencia cálida, completamente abierta y, lo más importante, sin juicios. Simplemente permanece presente, sosteniendo tu dolor. (...)

Lo maravilloso de ese espacio abierto del ser es que no cambia en función de como alguien lo llame. Y cuando sientes ese espacio abierto del ser es importante no darle un nombre. Etiquetarlo interferirá la conexión. Un nombre debe servir solo como medio para llevar a la mente ahí, pero obviamente el nombre no es la experiencia ni el conocer en sí, y en este sentido el nombre se puede convertir en un obstáculo. Nos puede servir para acercarnos, pero al final el nombre en sí es un impedimento. La conciencia no tiene nombre, ni autor, ni propietario. (...)

Dado que el fruto o el resultado ya está en nosotros, es importante enfatizar que tú no estás produciendo el resultado, sino que estás descubriendo la presencia del resultado. Si tuvieses que crear un resultado positivo, olvídate, es imposible. No hay inteligencia capaz de crear este resultado por medio de cualquier esfuerzo imaginable o inimaginable. Esta es la visión del dzogchen. Y la meditación es el camino o el medio para reconocer esta visión. Las diferentes situaciones y los desafíos de la vida diaria son nuestras oportunidades para descubrir una y otra vez la verdad de la visión: que cada momento ya es pleno tal como es. A medida que te familiarizas con tu mente natural logras una confianza plena en la presencia de los tres cuerpos iluminados en ti: el cuerpo de vacuidad, el cuerpo de luz y el cuerpo de la gran dicha.



BIBLIOGRAFÍA

- EL DESPERTAR DE LA MENTE LUMINOSA.- TENZIN WANGYAL RINPOCHE.- Ed. GAIA

- MARAVILLAS DE LA MENTE NATURAL.- TENZIN WANGYAL RINPOCHE.-Ed. BODHI


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